Con la Sucesión en los talones…

Felipe de Borbón y Juan Carlos I de Borbón

 “La monarquía solo sirve para servirse a sí misma“. – Francisco Umbral

¿Para qué sirve realmente la monarquía hoy en España (aparte de ser un absurdo anacronismo)? Poco más que para el ornamento, lucimiento y pavoneo de sus miembros… o no entiendo nada.
Después de las avergonzantes noticias que han rodeado a la familia real española los últimos meses, no sería de extrañar, que ahora se estén planteando una posible abdicación de Juan Carlos I a favor de su hijo Felipe: Un lavado de cara. Porque una dinastia- negocio familiar tan sustancioso, con más de 300 años en su haber y un patrimonio incalculable, no le van a dejar caer solo por unos cotilleos de revista rosa.
Y es que ya se les ha terminado la imagen de familia unida, feliz y ejemplar;
tambíen la imagen de que tienen un papel imprescindible, como mediadores en las relaciones internacionales. Durante el último año, los hechos han desmentido sobradamente ambos argumentos; tan solo habría que echar un vistazo a la prensa de los últimos meses…
Por todo esto, habría que hacer balance, un escrutinio exhaustivo de cuáles son sus actividades “reales”, que inversión implican y qué rentabilidad objetiva aportan, de cara a nuestro país. El mismo examen o evaluación que haríamos a un ministro de exteriores, embajador, etc…. ¿Labores de “representación”? Es decir, hablando claramente, ¿Labores de “autopromoción”?  Hacerse la foto con unos y con otros, y poco más….
Comenzar a hacer la diferencia entre lo uno y lo otro, contribuiría al bien de nuestra salud democrática. Convendría tomarse en serio realizar un control más estricto respecto de las actividades que realizan, por día, semana, mes; dónde van, a qué van, qué discurso, cuál vestimenta, justificación de ésa actividad y realizar una evaluación lo más objetiva posible, en el sentido de que, si de verdad su “aportación a españa”  merece todos los privilegios de los que disfrutan…
Secretismo, silencio, ocultación, medias tintas…y,  para colmo, la nueva Ley de Transparencia, excluye también a monarquía, lo cual es escandaloso…
 Así, dada la situación de crisis extrema y compleja que existe hoy en España, no sería de extrañar que, igual que hicieron en el pasado, aprovechen la ocasión, para “colarnos” a Felipe VI, casi sin darnos cuenta…
Tenemos que ciudar a nuesta joven democracia…” decía Felipe hace unos días, y yo le driía que, a pesar de lo de “joven” (él hace las cuentas desde 1978…), hemos aprendido rápido, sabemos leer entre líneas y no necesitamos  “tutores”… porque la democracia no necesita tutores.
La Constitución de 1812, hecha a la medida de su tiempo, se resumiría en la frase:  “Que se vayan los franceses y nosotros a lo nuestro…”  Es decir, el poder para los Borbones y la Iglesia, porque esto es España…. parece que no hayan pasado 200 años!
En 1978, éramos 22 milones de españoles, de los cuales, 15 votaron (sí o sí) la nueva Constitución; hoy somos más de 40, pero muchos ya no estamos dispuestos a mantener esta dinastía, “por la gracia de dios”  por los siglos de los siglos.
¿Estamos en la antesala de la abdicación? Es posible…entonces:
¡Bienvenido al mundo real, Felipe!
Te esperaremos en la puerta de de la Catedral de la Almudena, en Madrid, después de tu entronación, después de que el cardenal Rouco Varela haya otorgado su bendición a tu nueva misión histórica. Allí estaremos, tricolor en alto, saludándote al grito de:
¡Queremos un REFERENDUM!
Para los que consideramos que la monarquía, en cualquiera de sus formas, es un menoscabo para la democracia, este es un llamamiento a reflexionar y tomar partido; es el momento de unir esfuerzos, romper el silencio, de salir a la calle con una sola voz, de hacernos oír: “¡Queremos elegir nuestro jefe de estado!” “¡No a los privilegios!” “¡No más monarquía!”
R. Rodríguez.
Referencias/Enlaces:
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2 pensamientos en “Con la Sucesión en los talones…

  1. La monarquía nos hace parecer ridículos. Nos exige y recibe deferencia por razón de nacimiento. Es una idolatría tan bruta y estúpida como la de los antiguos paganos. Esto distorsiona nuestra capacidad de inventar ceremonias y honores por nosotros mismos y arruina el funcionamiento del Estado con reverencias tontas y envaradas. Más grave aún, la monarquía crea una falsa idea de unidad de la nación, mientras nuestros verdaderos gobernantes juegan a la ruleta con miles de nuestros millones, mientras que millones de “súbditos” se la están jugando por sus casas y finanzas.
    La monarquía tiene tres efectos negativos en la sociedad: personifica y alienta la idea de una jerarquía social que se basa en la creencia de que la sangre y el nacimiento, en lugar del mérito personal, son suficientes para justificar el respeto e incluso admiración; estimula la nostalgia por el pasado, en el que se asienta firmemente, en lugar de esperanza para el futuro. También es muy cara. Pero eso es un perjuicio insignificante en comparación con los otros efectos dañinos.
    La monarquía sigue siendo el único metrónomo en nuestra tierra que no fibrila a mil pulsaciones por segundo. Es nuestro guardián de la continuidad, que nos ancla a una identidad histórica impermeable a la siguiente actualización de Windows, en una época en la que mucho de lo que era culturalmente familiar se ha ido, se ha desconectado, o se ha usurpado con fines de lucro.
    La monarquía refleja y refuerza una parálisis en el corazón de nuestra cultura política. El encanto de la realeza o la idiotez del súbdito no son más que una distracción de la realidad, aunque las travesuras reales alimentan muy bien a una cultura cada vez más basura. Nos encanta despotricar en contra de las afirmaciones dudosas sobre los gastos de los diputados, pero no se dice nada sobre los millones que pagan los contribuyentes a esta institución inexplicable.
    Sin embargo, es la deferencia la que siempre ha sostenido a nuestra monarquía. La gente todavía reverencia al rey y reverencia a la reina -hasta hace poco ha sido inculcado en nosotros- pero no puedo imaginarme a mi generación hacer lo mismo con un Felipe rey: “¿por qué? ese tipo no es diferente a mí”, muchos podrían reclamar Y eso es antes de volver la atención a los costos de esta institución.
    Creo que la monarquía se ha convertido en una especie de telenovela nacional, pero un poco más cara de mantener. Debo confesar que resulta algo entretenida, a pesar de mis aspiraciones a una mayor altura de miras. Ciertamente pulsa todos los tópicos (muy españoles): la clase social, la herencia, la riqueza, la intriga familiar y el mal comportamiento, entre otros. Pero se pone un poco repetitiva y no parece ser muy buena para los actores, que están atrapados en papeles de los que no pueden escapar. Tal vez es el momento de poner fin a la serie.
    A pesar de la predisposición de las personas en general a aceptar la monarquía sin crítica -como una especie de fondo de pantalla constitucional- lo cierto es que esta se encuentra en el ápice de una pirámide de jerarquía, que está compuesta mayormente por personas que gozan de riqueza no ganada, de poder no democrático y de prestigio inmerecido, o los tres. Cualquiera que acepta esta institución participa de un engaño masivo: que la única manera en que una democracia moderna puede ser gobernada es por medios profundamente anti-democráticos, que la única manera de tratar a los ciudadanos es como súbditos. A mi juicio, estos “súbditos” sólo alcanzarán la mayoría de edad política con la abolición de la monarquía.
    Y si usted duda el patriotismo de los republicanos, considere el tratar de explicarle a un americano por qué los EE.UU. deberían importar la Constitución española. “Ustedes deben hacer a alguien presidente de por vida” podría empezar. “Podría ser Barack Obama, como él ya está en el poder y todas las dinastías empiezan con alguien que se ha apoderado del trono… Sus herederos lo sucederán, sin importar lo altivos, ilusos, enfermos o de otra manera inadecuados que puedan ser para ocupar altos cargos. Serán los jefes oficiales del estado y las fuerzas armadas les jurarán lealtad a ellos y no a la Constitución de los Estados Unidos. ” Puede que reforzara su terreno de juego si usted añade la conclusión: “A los turistas les encantará la monarquía americana. ¡Piense en los beneficios para los hoteleros de Washington!”
    http://damantigui.wordpress.com

  2. Señores, miren los ejemplos historicos de Portugal, Grecia o mismo mi país, Brasil, y vean que repúblicas no son la solucción para los problemas de una nación! La monarquía española no es perfecta, pero fue en el reinado de Juan Carlos I que su país conoció su mayor progreso económico y social! Y las dos experiencias republicanas? Cortas y rellenas de conflitos. Repúblicas no son baratas (en Brasil, es mucho más cara que su familia real), sufren con más corrupción en muchos países y no son garantía de democracia! Pienso que, se exista la Tercera República en España, en pocos años su país se quedará como el mío o Portugal, donde hay fuertes movimientos por la vuelta de una monarquía, pues los españoles verán como no es un sistema tan eficiente!!!

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