El sistema Federal suizo

Landsgemeinde_Glarus_2006 Asamblea (Landsgemeinde) del cantón suizo de Glaris, en 2006.

 Introducción de los autores

Cuando se fundó en el año 1848, la Confederación Suiza tuvo que enfrentarse a problemas similares a los de las jóvenes democracias actuales: el estado nacional era débil y su economía pobre; además, las sociedades de los 25 cantones no tenían una historia común y estaban separadas por distintas religiones y lenguas. La Constitución suiza supuso el compromiso entre los partidarios de un estado central y sus oponentes, que tenían un pasado beligerante a sus espaldas.

Unos 160 años después, Suiza es un país próspero. Las desavenencias de las religiones se han distendido. A diferencia de muchos países dentro y fuera de Europa, el multilingüismo no ha supuesto la discriminación de las minorías y es bien conocida la estabilidad política del país. Se podría decir que estos logros son el resultado de las instituciones políticas. Suiza es un ejemplo representativo de integración política, puesto que su democracia se diferencia de otras en que el Estado se ha desarrollado de modo ascendente. El federalismo acerca el Estado al pueblo, mantiene un gobierno central pequeño y garantiza la máxima autonomía de los 25 cantones. En contraposición con el gobierno de las mayorías, el reparto de poder entre los partidos políticos más importantes otorga a las minorías una voz eficaz y ha permitido la integración social. La democracia directa a través de referendos e iniciativas populares hace que las élites políticas sean más sensibles a las necesidades y preferencias de la población. El libro electrónico El sistema político suizo explica el funcionamiento de estos elementos, no sin mencionar aspectos y retos cruciales.

El federalismo, el reparto del poder político y la democracia directa, aspectos fundamentales del sistema suizo, atraen el interés de estudiosos, políticos y medios extranjeros. En particular, el federalismo y la descentralización parecen ser herramientas institucionales eficaces para fortalecer la autonomía y la responsabilidad regional y, al mismo tiempo, hacen que las instituciones políticas sean más eficientes. No obstante, sería engañoso sostener que el federalismo suizo es un «modelo» para los demás. En primer lugar, el federalismo y la descentralización pueden perseguir objetivos diferentes y se entienden de distintas maneras de un país a otro. En segundo lugar, las instituciones se acuñan en la cultura política específica de cada país y por lo tanto pueden desempeñar un papel distinto para los ciudadanos y su forma de gobierno. No existe una idea única del federalismo, sino distintos tipos de federalismo que tienen que evolucionar en la herencia cultural de cada sociedad política.

En todo caso, invitamos a los lectores de este libro electrónico a que compartan con nosotros esta crónica sobre la historia y el funcionamiento de las instituciones políticas suizas. Esperamos que la profunda experiencia de la democracia suiza sea inspiradora y alentadora para los demás. De este modo, la democracia suiza no supone un modelo que exportar, pero sí un tema de diálogo.

Wolf Linder and Andrea Iff

El sistema Federal suizo (e-book):

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