“Yo tampoco fui invitada a la boda real, pero la pagué de mi bolsillo”

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     Para divertimento de los royals a los ciudadanos se les recorta.                    La abultada factura de la boda real diez años después.

Se cumplen diez años de la boda de los actuales príncipes de Asturias. La prensa rosa hace su particular agosto contando anécdotas más que cursis, poniendo de relieve el romanticismo, los chascarrillos graciosos y todos esos “momentos inolvidables” que tanto gustan a los asiduos de la prensa del corazón. Pero junto a ello también emergen otros datos, como son los económicos. ¿Cuánto costó la boda del año 2004? ¿Qué significó para muchas personas aquel acontecimiento? ¿Por qué para que unos pocos se divirtieran otros tuvieron que sufrir algunos recortes?

Oficialmente no existen datos exactos sobre cuánto costó la boda, aunque en su momento el gobierno socialista dijo que ese coste era “proporcionado y perfectamente asumible”. ¿Proporcionado y asumible? ¿Para quién? ¿También para los republicanos, para las personas que se quedan sin prestaciones, o a quienes han recortado la subvención para tal o cual actividad por falta de fondos? Obviamente es asumible para los monárquicos, o para esos partidos del establishment –qué pena el PSOE, o por lo menos un sector suyo- que apuntalan a la monarquía con la esperanza del pacto tácito de que ésta ayuda a que este establishment siga igual. Pero vamos con las cifras.

De los 20 millones de euros oficiales de los que se habló, algunas fuentes apuntan que esta cifra se doblaría. Solo en seguridad se gastaron unos siete millones de euros; cerca del millón costó decorar la catedral de La Almudena; casi medio millón en maquillaje y peluquería; y otros gastos menores, como el alquiler de la vajilla, que abultan la factura hasta hacerla desorbitada, tal y como aparece en prensa, http://www.diariodeleon.es/noticias/sociedad/coste-total-boda-principe-asciende-40-millones-euros_139095.html. Por supuesto, no se sabe exactamente lo que aportó la Casa Real, más allá de algunos bailes de cifras sin concretar, y como no se sabe, ¿por qué no pensar que apenas apoquinó?

Todo esto nos lleva a una reflexión sobre para qué sirve la monarquía y por qué tenemos que pagarla. El “bodorrio” no fue más que un acto para apuntalar a una institución que entonces estaba en un momento dulce, pero que pronto pasaría a los que ahora denominan annus horribilis. ¿Era necesario? En un país donde una parte cada vez más considerable de las personas se autodenomina republicana, o por lo menos no fervorosa monárquica, no se entiende que una parte tan importante de los presupuestos públicos –tan menguantes como todos sabemos- tenga que ir a un acto privado y de carácter personal, como es el matrimonio. Tal y como dijo Félix Taberna, de IU, “una boda tiene que tener un carácter privado, y ésta (en referencia a la de los príncipes) está adquiriendo un carácter folklórico, cuando no esperpéntico”.  Por mucho que se diga que es una boda de estado, que es el heredero de la Corona –una cosa es ser heredero y otra cosa es llegar a reinar…- no entiendo la ansia de algunos partidos políticos por hacer actos regios con que apuntalar a la institución monárquica. Con honrosas excepciones eso sí, porque miembros de Izquierda Unida o Partido Nacionalista Vasco, entre otros, no acudieron al evento. No se puede decir lo mismo de algunos líderes sindicales, como Cándido Méndez, que acude a este evento compartiendo lista de invitados con los principales capitalistas del país. Quizás otro sinsentido.

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Ahora bien, durante la boda no todo fueron apoyos fervorosos. Así, desde los movimientos sociales hubo muchas protestas. Es el caso del Movimiento Popular contra la Boda Real, cuyo lema es “menos bodas reales y más gastos sociales”. Así que no todo fue fervor popular por la monarquía, como se quería vender en su momento. Muchas personas mostraban su enfado e indignación por el hecho de que para que los príncipes y demás royals se diviertan, otros tengan que sufrir. ¿Es eso lícito? Obviamente no, y una institución que se base en eso no merece el respeto de ningún demócrata.

Por otra parte, también causa indignación y rabia la opacidad de la Casa Real y la de los propios príncipes en torno al evento. De hecho, la prensa extranjera ha dado más datos que la propia prensa española, como fue el caso de la BBC británica http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_3737000/3737115.stm. Ya sabemos la alergia de éstos a dar entrevistas –callando y otorgando en temas como el caso Noos- pero dado el dispendio que ocasionó aquel evento, y que sigue ocasionando su ritmo de vida, podrían de vez en cuando explicar algo a la ciudadanía, que ya no es su vasalla sino que debería tener el derecho a decidir cuando quiera no pagar ni un euro más.

En definitiva, en este décimo aniversario de la boda real, en que la prensa –incluso la prensa seria- nos ha querido vender lo magníficos que son los príncipes, lo enamorados que están (como si eso fuera noticia de la prensa) y lo preparadísimos que están para asumir las riendas de la institución, hay muchos temas todavía opacos y sin aclarar. El dispendio que conllevó aquel evento es uno de ellos. Un derroche para diversión de unos pocos que significó el sufrimiento de otros que vieron recortes a cuestiones de primera necesidad. Una verdadera vergüenza en una democracia moderna.

Sara Orellán –

@saraorellan

 

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Un pensamiento en ““Yo tampoco fui invitada a la boda real, pero la pagué de mi bolsillo”

  1. El bodorrio resultó un acto muy ecuménico: en una catedral catolicorromana se juntaron un cardenal de esa secta, el posible heredero de la jefatura de la Iglesia anglicana, ortodoxos griegos de la familia de la reina (conversa al catolicismo por conveniencia), jeques árabes mahometanos, y ateos declarados, como la misma triprincesa de Asturias, Girona y Viana, casada civilmente antes y divorciada después, en contra la doctrina de la secta, que además estaba excomulgada, pero comulgó con cara beatífica, escena, por cierto, que se prohibió transmitir a la televisión. Los tripríncipes concluyeron su viaje de bodas alrededor del mundo visitando en el Vaticano al papa Juan Pablo II, que les dio su bendición. Todo fue una farsa , como lo es la institución, que nos costó muy cara, como nos cuesta la institución.. ¿Y por qué lo consentimos?

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